martes, 12 de abril de 2011

Santa Cilia de Panzano-Tozal de Guara (entreno)

Sobre las 19:45 partimos del pueblo de Santa Cilia con nuestro pantaloncito corto y en mangas de camisa, la temperatura era más que veraniega. Empezamos corriendo para calentar un poco y después de pasar unos 500 metros la cadena en la que empieza la pista nos pareció ver unas personas, creíamos que era una visión, ya que a estas horas solo dos locos como nosotros podían estar a estas horas intentando subir a Guara, pero según nos íbamos acercando pudimos comprobar que efectivamente había cuatro mujeres que ya esperaban sentadas nuestro paso y que veían como dos tipos en pantalón corto se les acercaban, nos preguntaron que donde íbamos, y al oír la respuesta dijeron si nos iba a dar tiempo a llegar hoy, nosotros contestamos que a subir sí, y a bajar ya veríamos. Proseguimos nuestro camino, pero dejamos de correr para pasar a un paso bastante vivo ya que aquí el camino se empinaba considerablemente.



Una sonrisa antes de...
Todavía podíamos disfrutar de una excelente vista de parte del Somontano y la Hoya de Huesca, y nuestros temas de conversación nos hacían avanzar casi sin darnos cuentas por estos parajes, que en mi caso nunca había visto –las veces que había subido a Guara lo había hecho por Calcón-.
 
Vista de Santa Cilia y el Somontano











Tras ir junto al barranco Agón, seguimos subiendo viendo frente a nosotros el Tozal de Cubillas y su antena, llegamos aun con un poco de luz y con el croar de las ranas a unos pozos escalonados muy curiosos y de los que dejamos constancia con algunas instantáneas.

Tozal de Cubillas



Nuestra ruta seguía con apenas luz, pero de momento nos resistíamos a sacar el frontal, disfrutábamos al mismo tiempo de los últimos rayos de luz -de un sol que ya no nos quería acompañar en nuestra tardía salida-, de un pequeño gajo de luna que empezaba a brillar y de un montón de puntitos de luz que anunciaban la posición de numerosos pueblos.

Cuando llegamos al Collado de Vallemona ya habíamos alcanzado los 1.800 metros, la luz apenas nos dejaba apreciar las formas del terreno, pero creíamos que aun no era la hora de sacar los frontales y casi como dos imprudentes domingueros seguimos con nuestro pantaloncito corto y nuestras camisetitas técnicas buscando la senda que parecía haber desaparecido bajo los últimos rayos de sol.

La verdad que aquí perdimos un poco de tiempo mirando atrás, buscando referencias para la vuelta. En este tramo el camino no se apreciaba y menos con la escasa luz de la lunita, aunque logramos seguir por intuición el camino y llegar primero a un indicador y luego a otro que nos hacía bajar a una pradera en la que pudimos retratarnos junto al Pozo de nieve del Duque.


Tocando el pozo de nieve del Duque
 Después de las instantáneas decidimos ponernos el frontal, pero aún faltaban algunos minutos para encenderlo, ya caminábamos con la luz de la luna y con su fina sombra, y con la referencia a nuestra derecha de las luces de todos los pueblitos al fondo de la Hoya.

Tras pasar junto a los 1.962 metros que tiene la cima que precede a Guara, la cosa cambio un poco, para empezar encendimos el frontal –ya eran las 21.15 horas y el terreno podía ser un poco peligroso-, aún íbamos como domingueros, pero el calorcito que nos acompañó durante toda la ruta nos empezó a abandonar y el aire que ya había empezado a soplar con más o menos intensidad durante los últimos metros, aumento su fuerza y paso a ser casi un pequeño huracán. Esto nos obligo a echar rodilla en tierra, quitar la mochila sujetándola bien para que no saliera volando, y en mi caso ponerme el forro polar con alguna dificultad, ya que las manos se habían quedado un poco frías. Después de abrigarnos la cosa cambio, ya más calentitos se corría de maravilla, y aunque el aire soplaba a rachas con mucha intensidad pudimos proseguir.

En este último tramo nuestra atención debía ser máxima, estábamos muy cerca de la cima y el camino apenas se adivinaba por los mojones o hitos que íbamos encontrando.

Comenzamos la última pendiente en la que el camino se adivinaba mucho mejor, más marcado y con más hitos. Por momentos parecía que había aflojado el viento, pero empezó nuevamente a soplar con más fuerza y en previsión de que en la cima lo hiciese más todavía decidimos ponernos el corta vientos. Fue levantar la vista y en dos minutos llegamos a la cima, creíamos que nos faltaba algo más, pero no era cuestión de quejarse, que ya tenía ganas de plantar el culo y tomarme un “sabroso” gel.


Una firmita en la cima


A las 22.02 tocamos cima, llamamos a nuestras mujeres para que saliesen a la ventana y buscasen en la lejanía la luz de nuestros frontales, y dejamos la última firma del día en el libro de Peña Guara. Después de tomarnos el gel de turno y dejar unas instantáneas en la cima, comenzamos el descenso.


Todavía quedaba nieve
Comenzamos este descenso sobre las 22.20 horas, y la verdad disfrutamos bastante, no por las vistas, -solo veíamos las lucecitas de los pueblos a los que nos atrevíamos a bautizar sin estar muy seguros de cual era cual-, sino por lo cómodo del descenso, y la menor dificultad, tanto de bajar y sortear las piedras sueltas que en muchas tramos del camino encontrábamos, como por seguir sin desviarnos el camino.

En el descenso apenas paramos dos o tres veces, para cambiar las pilas de mi frontal que debía tener las pilas de alguna salida cercana al verano pasado, para despojarnos del cortavientos y por último para a falta de tres o cuatro kilómetros quitarnos el polar, -el viento ya había dejado de soplar casi al abandonar la cima y según íbamos descendiendo si soplaba era cada vez más calido -, resultaba muy agobiante llevar ropa encima.

Así que a las 24.00 horas llegamos como habíamos salido, en pantalón corto, con nuestra camiseta técnica, y con más de 20º.



El gasto energético no sé cual fue, -todavía no llevo ningún artilugio para correr, más que el móvil, para sacar fotos y como condición para que mi mujer me deje salir, claro que llevo a Martin que va su Garmin 305-, pero las ganas de tomarme mi Cola Cao eran bastante considerables, aunque al final me quedé sin él – mi mujer me esperaba con unas albondigitas, y claro no era cuestión de despreciar la cena…

Desnivel 1.542 metros
Tiempo 4 :19 - hay que restar el tiempo parado en la cima
Distancia 22,87 km

2 comentarios:

  1. Estais un poco locos en Sietamo... me habria gustado acompañaros pero tenia que entrenar mi triatlon.
    Cuantas albondigas te comiste al llegar???
    Saludos.

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