miércoles, 29 de octubre de 2014

GORBEIA SUZIEN

18/10/14

Vuelvo otra vez a correr a mi tierra, esta es la segunda carrera después de la Kosta Trail, en la que disfruté muchísimo, tanto con la carrera como con el paisaje. En esta ocasión pasé el viernes con la familia en Romo y me desplacé a Zeanurí, llegué con más de una hora de adelanto pero el pueblo estaba petado de coches, tuve que aparcar en el quinto pino, pero bueno, merecía la pena, así pude divisar las estupendas vistas que tenía.
el viernes de paseo por mi tierra

Bajé a por el dorsal y dejé la bolsa para la ducha, ya estaba listo para disfrutar de un gran día. Me estuve empapando del gran ambiente que había en la plaza del pueblo, inchables para  los niños, puestos con tiendas de ropa de deporte, productos de la huerta, quesos, pasteles…

El colorido de las diferentes equipaciones daba un colorido especial a la plaza, entre ellos destacaban los del equipo sestaotarra, grafsestao, del que salió el a la postre ganador de la prueba, Ionut Zinca, recuerdo cuando corría en el equipo de carreras de orientación de la capital alavesa, ha sido siempre una máquina.
 
Después de saludar a Monrasin, y como no, de pedir que me retratara, me metí en el cajón de salida, mientras esperábamos conversando con el resto de corredores nos presentaron a los 50 primeros dorsales y  homenajearon a la selección de Euskadi de carreras de montaña.
el ganador Ionut con super Ramón
 
9,15 y salida, sin cohete ni nada, todos “palante”, esta vez me coloqué muy atrás, con lo que las estrecheces, primero del puente y luego de las muchas sendas, hicieron que me quedara muy atrás, pero bueno, esto me daba tiempo en muchas ocasiones de disfrutar del precioso paisaje.
Salí con un botellín de agua en la mano, nunca lo había llevado y pensaba dejarlo en el primer avituallamiento, pero finalmente me acompañó durante toda la carrera, y la verdad me sentó de maravilla, hacia calor y bastante humedad.

Iba entrando en calor, pasamos por una fuente en la que nos ofrecieron un vaso de agua que no rechacé, nos esperaban mas de 1000m de desnivel para llegar a Lekanda, una subida en al que podías aprovechar para disfrutar de las excelentes vistas en las paradas que se producían cuando el camino se estrechaba o en la zona equipada con cuerdas, todo ello en presencia del “Dron” que no nos quitaba ojo…
 
El primer avituallamiento ofrecía un buen surtido, aparte de lo habitual, encontrábamos un surtido de pastelitos que en otra ocasión hubieran sido arrasados en su totalidad, pero había que mantener la línea…

La subida fue dura y larga, pero todo se acaba, una bajada rápida y nos plantamos en el segundo avituallamiento, desde aquí se divisa nuestro próximo y deseado objetivo, la cumbre del emblemático Gorbeia, nunca he subido esta cumbre, por una cosa o por otra, siempre era fallido el intento, unas veces la niebla, otra la mala previsión, el caso es que hasta ahora no había estado tan cerca de conseguirlo.

Enseguida nos plantamos en sus faldas, la última y empinada rampa se hizo dura, pero subía con muchas ganas, y el numeroso público presente en la zona animaba sin parar.

Su impresionante cruz ya estaba ahí, ¡había llegado!, una inspiración profunda, y una mirada a mi alrededor para contemplar la belleza del entorno, y para abajo.
Esto no se había acabado, una bajada de unos 5km y uno control para volver a subir la última de las “cimas”, esta vez bastante mas corta, la cota de 1.153m no se hacía muy larga, desde aquí hasta la meta prácticamente todo era bajada, a excepción de una tachuelita.
 
Unos ocho kilómetros de bajada, se hacían bastante largos para llegar al último avituallamiento, un poco de hidratación y a por la tachuelita famosa, que según contaban se hacía dura a estas alturas de carrera.

Tenían razón, se hacía dura, el calor que nos acompañó todo el día, y la humedad en la zona boscosa, hacían mella en muchos corredores que se quedaban poco a poco atrás y, a los que iba sobrepasando. Nuevo e inesperado control,  para bajar a saco, con susto incluido, casi me tropiezo con una raíz en una zona empinada, menos mal que no caí, sino…

Salimos a la carretera, ya se olía la ternera que estaban asando en la plaza, un último esfuerzo y los aplausos me metieron bajo el arco de meta.

Una carrera estupenda, para repetir, ambiente, logística, entorno, y climatología, todo acompaño, además en mi tierra, que más se puede pedir…¡pues sí!, un chaleco estupendo con una cervecita de la zona que nos dieron en la bolsa de corredor.

Tras una ducha un poco peculiar, llego la comida en el frontón, una ensalada con una ternera con certificado Eusko Label, que estaba buenísima, no dejé ni el hueso… 



hasta el año que viene...




 












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